jueves, 1 de septiembre de 2011

Reflexiones sobre el 15-M

A cada día que pasa, voy observando la transformación y los bandazos dados por el movimiento 15 M en sus pocos meses de existencia. Han pasado desde oponerse frontalmente al sistema político actual a declararse anticatólicos o antipapas y últimamente darles cera e insultar a los maderos. Ellos han hecho el NO por bandera, pero no he visto a nadie proponer como hay que cambiar todo esto y me llama la atención no ver a ninguno de ellos manifestar públicamente su deseo de encontrar un trabajo.
El 15-M produce rechazo o desconcierto en quienes no son capaces de imaginar con anticipación los grandes cambios en la humanidad. Sus mensajes totalmente contradictorios solo coinciden en que son profundamente conservadores. Ellos no quieren que se cambie nada de este injusto mundo ni aportan soluciones para mejorar su situación solo aspiran a subirse al estribo de quienes están montados en la carroza de los privilegios.
Ser conservador, sobre todo, consiste en ser inmovilista como un impedimento para determinar los agotamientos en los sistemas de vida. La globalización ha provocado un hartazgo que todavía no tiene definidos los vectores de transformación de la sociedad. Ahora mismo se está dando la paradoja que solo la derecha está liderando un posible cambio de esta sociedad mientras la izquierda o los nacionalismos siguen en su intención de que no cambie absolutamente nada de su particular “estado de bienestar” en el que se han convertido el cúmulo de privilegios al alcance de cada día menos privilegiados. Estarían encantados en unirse por una imposible victoria de Rubalcaba que podría facilitarles la solución a lo suyo.
Rubalcaba su valedor es ahora mismo un alma en pena. Por primera vez en su vida política está superado por los acontecimientos. El superviviente del Gobierno que fue zarandeado por el asunto del GAL está en caída libre. No le responde ningún timón porque no ha entendido que la realidad, ésta realidad, sólo se satisface con transformaciones profundas. No se puede estar con los indignados y aceptar la modificación de la Constitución por mandato de los mercados. No se puede colaborar en la llegada de Rajoy y pretender ser socialdemócrata. No se puede plantear la disolución de las diputaciones y recular. Ya no se puede hacer una cosa y decir la contraria. Sin transformación profunda de los partidos y las instituciones, este PSOE no tiene futuro ni salvación. No pasa nada. Torres más altas han caído y han sido sustituidas por otras.
El 15-M no quiere libertad sino tutela. Que alguien ajeno aporte la solución a sus problemas. Los ciudadanos nos hemos acostumbrado tanto a que nos pongan la cuchara en la boca que ya no sabemos comer solos. Está claro que si hay que hacer cambios los tenemos que hacer nosotros. Las decisiones en libertad conllevan la angustia de la inseguridad pero aportan la posibilidad del avance. Hay que asumirla. A casa no nos van a llevar nuestra evolución, si permanecemos en ella lo normal es que la impidan, posiblemente vamos a merecerlo.

3 comentarios:

  1. José Escobar Sánchez

    Como bien dices estamos acostumbrados ha que nos lo den y hagan todo. Es como aquel hijo que espera que sus padres se o hagan y se lo den todo. Lejos de ayudarlo están creando aún inútil.
    Parece ser que resulta ser un reto. Los retos son los que hacen que una persona o sociedad crezca y se supere.

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  2. Mayte Garcia Lopez

    plas plas plas a los listillos del chat,vosotros ke sabeis lo ke kiere el 15m ,si solo sabeis hacer zaping y esperar ke os lo den todo echo

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  3. Juan Morales de Dios

    En realidad tampoco han sabido explicar con claridad lo que pretenden los del 15 -M,

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