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sábado, 31 de marzo de 2018

Señoria de dia..., gamberra de noche....

Paula Quinteiro

La Policía identifica a la diputada podemita Paula Quinteiro entre un grupo que destrozaba retrovisores de madrugada

La diputada podemita en el Parlamento Gallego de En Marea, de la corriente Anticapitalista, Paula Quinteiro, ha sido identificada por la Policía Local de Santiago por su participación en actos vandálicos en la madrugada del pasado sábado al domingo.

Paula Quinteiro Araújo (Vigo, 1990) es la diputada más joven del Parlamento gallego y este martes se convirtió en noticia no por su edad ni por el trabajo político que desarrolla desde su partido, Podemos, o el grupo parlamentario al que está adscrita, En Marea, sino por los incidentes y forcejeos protagonizados el pasado fin de semana con efectivos de la Policía Local de Santiago en un control dirigido a identificar a los autores de un acto vandálico cometido contra vehículos que estaban estacionados en la compostelana calle Pitelos. Según recoge el parte policial, Quinteiro no solo intentó obstruir la identificación de uno de los sospechosos de los destrozos de varios espejos retrovisores, sino que hizo valer su condición de diputada ante los agentes para advertir: «Estades a secuestrar a miña labor parlamentaria e tedes que saber que eu teño un réxime especial».


Según recoge el atestado policial, Quinteiro formaba parte de un grupo de unos quince jóvenes que esa noche (1:20 horas de la madrugada) fue interceptado por los agentes después de que un vecino denunciase la rotura de varios espejos retrovisores de los coches estacionados en una calle cercana.

La policía fue requerida a través de un particular que presenció como tres de estos jóvenes, en medio de un barullo, estaban destrozando los retrovisores de coches aparcados en fila a lo largo de la compostelana calle Pitelos, mientras el resto de los miembros del grupo jaleaban la acción y les reían las gracias.

La Policía Local se movilizó de inmediato e interceptó al grupo de jóvenes hacia la 01.20 horas, cuando bajaba por la aledaña calle de O Hórreo. Uno de ellos, al percatarse de la presencia de los agentes, le dedicó el gesto de la peineta gritando «Policía hijos de puta», momento en que la unidad reclamó refuerzos para intervenir, e instantes después también solicitó la ayuda a la Policía Nacional que estaba desplegada en las inmediaciones de la plaza de Galicia.

En el momento en que los agentes se disponía a identificar al individuo que se mostraba más violento, los jóvenes empezaron a requerir la presencia de una tal Paula para tratar con las fuerzas del orden. En ese momento la diputada Paula Quinteiro, que también pertenece a la formación Izquierda Anticapitalista, se interpuso entre los agentes y el joven al que pretendía identificar mostrando su acreditación de diputada autonómica y advirtiendo a los policías de que estaban «a secuestrar» su labor parlamentaria, y que llevaría a la Cámara una interpelación para denunciar los hechos.

La cosa no acabó ahí, pues cuando la policía requirió a Paula Quinteiro para que se identificada con su DNI, y no con su acreditación parlamentaria, a lo que ella se habría negado, uno de los jóvenes empujó al agente y lo tiró al suelo. En medio del revuelo causado, la diputada cogió del suelo un teléfono móvil que se usa como material de la dotación policial y lo metió en el bolsillo de su chaquetón, pese a que fue requerida para que lo devolviera.

Los integrantes de la pandilla, que no llegaron a ser detenidos, fueron informados de los motivos de la intervención policial y en todo momento negaron su participación en los destrozos de vehículos. La propia Paula Quinteiro así lo corroboró este martes, en declaraciones a La Voz, al remarcar que su único propósito fue el de «mediar» con las fuerzas policiales al considerar que la actuación contra sus conocidos era «desmedida», pues asegura que uno de los jóvenes «tirárono ao chan» y que ella misma fue «empurrada» por los agentes.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Algaradas


La izquierda de este país parece dispuesta a poner palos en las ruedas al gobierno sacando la gente a la calle dispuestos a paralizar las reformas de cualquier actividad sea en sanidad, educación, transportes para racionalizar los costes  desmesurados de las empresas públicas. Lo hemos visto con fenómenos como el 15-M y en los cercos al Congreso y al Parlamento catalán, en los gritos y pancartas de manifestaciones más o menos concurridas, en la retórica de sujetos como Cayo Lara, Tomás Gómez o Gaspar Llamazares agravadas por las decisiones de dirigentes nacionalistas irresponsables.

De forma totalmente coherente con su tradición histórica, la izquierda se está aprovechando de las dificultades del sector más débil de la sociedad para generar un clima de crispación y violencia del que sacar tajada. Quieren paralizar a toda costa los sectores estratégicos del país y tratan de debilitar la democracia para poder imponer su programa de máximos.

El caso de Tele Madrid con los cortes que se están produciendo sistemáticamente con las coacciones de los huelguistas a los trabajadores que acuden a su puesto de trabajo nos ha mostrado que si se produjera la desaparición de la emisora no tendría ninguna repercusión social, salvo la de sus propios trabajadores con su cierre los contribuyentes se podrían ahorrar un buen dinero.

Vimos el tremendo episodio vivido la semana pasada en el Metro de Madrid, en el que un sabotaje premeditado puso en riesgo la vida de más de seiscientas personas que en ese momento utilizaban este servicio de transporte. Los viajeros víctimas de este sabotaje estuvieron más de una hora atrapados en un túnel viviendo momentos de gran angustia, con más de una decena de crisis nerviosas que afortunadamente no derivaron en complicaciones más graves, lo que hubiera podido tener consecuencias trágicas dada la imposibilidad de llevar hasta allí la ayuda sanitaria. 
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Las huelgas de la sanidad de la Comunidad de Madrid con coreografia añadida ha terminado con un encierro que mas bien parecía una fiesta del pijama con la participación de los diputados socialistas con Tomás Gomez a la cabeza el cual ni siquiera pasó la noche con los demás buscando la foto a la entrada y salida de encierro, ha causado tremendos problema a los usuarios cancelando miles de intervenciones programadas, ante la discusión de si el sector privado puede gestionar mejor que el público.

Lo más sangrante es que esta misma izquierda que ahora levanta el tono tiene una tremenda responsabilidad en no pocas de las desgracias que se abaten sobre la ciudadanía. Lo ocurrido en el Parlamento gallego es un ejemplo perfecto: los salvajes invitados por el PSOE que han reventado la sesión se han visto atrapados en unas preferentes emitidas en su mayor parte durante el Gobierno del bipartito, cuando las fuerzas de izquierdas controlaban no sólo las cajas emisoras sino los organismos de la Administración, por ejemplo el Instituto Gallego de Consumo, que podrían haber evitado el problema.

Asaltan instituciones, como el congreso y montan sus numeritos callejeros simplemente para que los medios de comunicación muestren imágenes distorsionadas que se verán por el resto del planeta y hagan la apariencia de que nuestro pais se ha convertido en un foco de insurrección.

España se enfrenta a una situación económica muy difícil que va a causar, que está causando ya, graves problemas de índole social: con millones de parados y las redes asistenciales tensionadas al máximo, no se puede esperar otra cosa. En este contexto, si hay algo que no necesita nuestro país es una izquierda demagógica, irresponsable y con ribetes claramente violentos y totalitarios que, aprovechándose de aquellos que peor lo están pasando o mintiendo para mantener determinados privilegios, añada leña al fuego de la terrible crisis que padecemos.como una muestra de insolidaridad hacia quienes si están sufriendo en sus carnes los coletazos del paro y la crisis