Defensa investiga qué archivos sensibles se llevó José Bono del Ministerio,
Existe la convicción de que extrajo documentos reservados vinculados con el Yak-42, la Casa Real, informaciones reservadas de las Fuerzas Armadas y sus miembros…
“Si alguien niega estos hechos, mostraré el documento”. Así confesó públicamente esta semana José Bono que tenía en su poder informes relacionados con el Yak-42. Unas palabras que han provocado alarma en Defensa, donde se ha abierto una investigación reservada para determinar número y contenido de los archivos y documentos que se llevó cuando abandonó el ministerio, en 2006.
José Bono en la presentación de su libro.
En medio del revuelo político provocado por el dictamen del Consejo de Estado sobre el Yak-42, en el que se responsabilizaba a Defensa del accidente, el ex ministro José Bono ha entrado a formar parte de la polémica al asegurar, entre otras cosas, que tiene pruebas sobre el pago de ‘mordidas’ en la contratación del avión que se estrelló en Turquía en 2003.
En una entrevista concedida a El País el 10 de enero, denunció la existencia de “mordidas” en la contratación de los aviones para transporte de las tropas. Según sus palabras, durante su estancia en el ministerio “llegamos a concluir que el Gobierno había pagado 149.000 euros y Um-air había cobrado 38.000. Es decir, que 111.000 se habían quedado por el camino. Queda por saber quién se llevó ese dinero y el del seguro”.
“Si alguien lo niega, mostraré el documento”
El ex ministro aseguró que la práctica de contratar vuelos con empresas de bajo coste respondía a una política de ajuste del gasto provocada por, entre otras cosas, la participación de España en la misión de Irak y la crisis del Prestige. “Si alguien niega estos hechos, mostraré el documento”, afirmaba Bono.
Y fue más allá, al explicar cómo consiguió acceder a esos documentos: “Las subcontratas las supimos porque fui personalmente al Estado Mayor de la Defensa. Tuvimos que forzar un armario del que no me daban la llave para conseguir la documentación”, un episodio que el mismo Bono relata con detalle en su último libro, ‘Diario de un ministro’.
Según explica, decidió investigar personalmente el caso después de que, tras una reunión con familiares de las víctimas del Yak, el hermano de uno de los fallecidos se negase a darle la mano al JEME llamándole “sinvergüenza”. El JEME, según Bono, le dijo más tarde que “solo quieren dinero”, palabras que sentaron mal al ministro.
En Defensa buscan saber que archivos se llevó
Las palabras del ex ministro han tenido una rápida respuesta por parte de la actual titular de Defensa, María Dolores de Cospedal. En los micrófonos de Herrera en Cope, la ministra afirmó: Si “yo tengo esos contratos, como ministro de Defensa voy directamente a los tribunales, no a las víctimas ni a nada... Si los tiene que los aporte”.
Tal y como ha sabido El Confidencial Digital, las revelaciones de José Bono han provocado inquietud en Castellana 109, sede central del ministerio, ante el material reservado y delicado que pudo llevarse Bono tras cesar en el cargo.
Las fuentes consultadas por ECD hablan de que existe la “convicción” de que José Bono se hizo con “docenas” de documentos restringidos, que se llevó consigo cuando, en abril de 2006, presentó la dimisión alegando “motivos personales”.
Para cubrirse las espaldas
Según estas fuentes, ha sido “habitual” entre los distintos ministros de Defensa llevarse copias de algunos documentos relacionados con su gestión al frente del departamento. Informes todos ellos reservados y de carácter “sensible”. “Ha ocurrido prácticamente con todos los ministros, por no decir todos”, aseguran, pese a que se trata de un comportamiento irregular y que bordea la legalidad.
Habitualmente, explican las fuentes consultadas –con décadas de experiencia en el ministerio- los ministros salientes recurren a la posesión de estos informes para ‘cubrirse las espaldas’ en caso de que en el futuro se les achaque algún tipo de irregularidad o aspecto polémico ocurrido durante su gestión al frente de Defensa.
En el caso de Bono, un ejemplo delicado es el siniestro del helicóptero Cougar en Afganistán, en 2005, que dejó 17 fallecidos, sobre el que aún existen sospechas de que en realidad pudo haber sido derribado, mientras que el ministerio habló oficialmente entonces de accidente.
Enfado de Cospedal por la ‘amenaza’ de Bono
La “amenaza” de José Bono, de sacar a la luz informes ocultos sobre el Yak-42 , ha sentado mal a la actual ministra, según las fuentes consultadas.De hecho, en Defensa se ha dado orden de “investigar” qué tipo de documentos, es decir cuantía y contenidos, son los que se llevó cuando dejó el cargo. Existe la sospecha de que entre esos informes hay datos “sensibles” que afectan a operaciones de las Fuerzas Armadas, a su funcionamiento o a sus miembros. Y también archivos sobre “comportamientos privados de miembros de la Familia Real”.
Investigar el número de documentos que se llevó consigo Bono, y el contenido de estos, constituye “una tarea casi imposible” según las fuentes a las que ha tenido acceso ECD. A pesar de ello, el gabinete de la ministra Cospedal ha demandado que se realice una evaluación sobre ellos, y sobre las amenazas que pueden suponer para la seguridad y defensa del país, para las fuerzas armadas y para otros estamentos e instituciones.
Para quien tenga curiosidad de lo que realmente pasó aquel dia, le recomiendo la lectura del libro de quien tenia la responsabilidad de la custodia de los documentos, que el Sr. Bono aun dice dice tener en su poder.
https://www.capitalmadrid.com/ficheros/DiarioDeUnMinistro.pdf
DIARIO DE UN MINISTRO. MI VERSIÓN
General de Brigada de Infantería de Marina Juan Pardo de Donlebún
Transcribo el prólogo de este libro que da una versión distinta de lo que ocurrió realmente aquel dia y que el Sr Bono obvia o modifica lo ocurrido en su irrupción al despacho del que se llevó una ingente cantidad de documentos del despacho del general Pardo de Donlebún que hasta el momento no ha devuelta a su lugar sin necesidad de forzar ningún armario.
ANTECEDENTES
Desde que a primeros de Marzo se puso en circulación el segundo tomo de las
memorias del ex-ministro Bono, “Diario de un ministro”, han sido muchas las
recomendaciones de familiares, amigos y compañeros animándome a escribir
sobre los capítulos en los que me cita, por cierto, sin haberme pedido permiso.
Y a fe que me he resistido hasta ahora, pero viso lo visto, creo que es oportuno
desmontar algunas de las “maledicencias” (palabro que le encanta repetir al Sr.
Bono) cuando no auténticas mentiras que, al menos en la parte de la que fui
testigo, vierte en el libro.
Conste que no me mueve a ello el hecho de defenderme de nada ni de nadie,
ni de salvar mi honorabilidad que, dicho sea de paso, no se cuestiona en el
libro; tampoco tengo ningún afán de protagonismo; antes bien, los que me
conocen saben cuánto valoro mi propia independencia de criterio y hasta qué
punto me importa muy poco lo que otros puedan pensar de mi. Lo hago
principalmente por la memoria de quien me precedió en el destino como Jefe
de la Sección de Logística Operativa de la División de Operaciones del Estado
Mayor de la Defensa (EMAD) y, por tanto, responsable directo de la gestión de
la contratación del Yakovlev 42-D, en el que trágicamente murieron 62
compañeros el día 26 de Mayo de 2003. Me refiero a mi buen amigo y
entrañable compañero, aútentico militar y hombre de honor donde los hubiera,
el Coronel de Infantería de Marina Joaquín Yáñez González, que moriría
repentinamente el 15 de Noviembre de 2011sin que pudiera llegar a conocer el
archivo de la causa que contra él y otros militares se llevó a cabo de manera
contumaz, y de la que tanto él como los demás imputados salieron
absolutamente limpios. No había habido ninguna irregularidad en la
contratación del Yakovlev. En efecto, el 2 de febrero de 2012 el juez de la
Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska archivó la causa de
las supuestas irregularidades en la contratación del Yak-42; dijo: “no fueron las
circunstancias relativas al estado y mantenimiento de la aeronave las causas,
directas ni indirectas, del siniestro”. La Audiencia Nacional consideró la "fatiga
y la falta de preparación" de la tripulación como causa del accidente y el
Tribunal Constitucional avaló esta decisión judicial.
UNOS CORREOS
Trataré de ser breve, pero antes de ir al contenido del libro, he de referirme a
tres correos electrónicos cruzados con el Sr. Bono entre los días 27 de Febrero
y 2 de Marzo del presente año. Precisamente, el mismo 27 de Febrero se
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celebraba el 487 Aniversario del Cuerpo de Infantería de Marina. Hacia las 8
de la tarde estaba yo terminando de vestirme con el uniforme de etiqueta para
acudir a la cena de gala que se celebraba en la Agrupación de Infantería de
Marina de Madrid cuando suena mi teléfono móvil, una amable señorita que se
identifica como secretaria del Sr. Bono me ruega que le proporcione una
dirección de correo electrónico porque el Sr. Bono quiere escribirme. Confieso
que, bastante aturdido por tan inesperada llamada (¡llegué a pensar que
querría felicitarme por el Aniversario!) le facilité el correo, colgué y me fui a la
cena. Al día siguiente me encuentro el siguiente correo en mi bandeja de
entrada:
De: Jose Bono (omito deliberadamente la dirección de correo)
Enviado: sábado, 28 de febrero de 2015 7:15:27
Para: Donlebun (omito deliberadamente la dirección de correo)
Madrid, a 27 de febrero de 2015
Estimado general Pardo de Donlebun:
El día 10 de marzo llegará a las librerías el libro “Diario de un ministro”,
editado por Planeta en el que doy testimonio de los acontecimientos más
relevantes que viví durante la etapa en que fui miembro del Consejo de
Ministros como responsable de Defensa.
Quizá le pueda interesar el contenido de las páginas 149, 365. En la
149 doy cuenta de mi visita al EMAD para recoger los documentos del
Yakovlev. Comprendo que no sea de su agrado, aunque no es la
primera vez que lo relato. En la página 365 la mención tiene algo de
reivindicación de su carrera profesional: una larga y fructífera carrera
que no podía verse empañada por el juicio del ministro referido a un solo
día de la misma. Por ello, decidí proponer su ascenso a general y lo hice
con satisfacción. Casi diez años después al leer lo entonces escrito y
escuchar al Almirante Zaragoza, no me queda duda acerca de su
profesionalidad. Esta carta tiene como objetivo hacérselo presente.
Muy cordialmente le saluda. José Bono
Es fin de semana, me tomo mi tiempo y, el lunes 2 de Marzo a las 11:50 le
respondo como sigue:
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De: Juan Pardo de Donlebún y Montesino (omito deliberadamente la
dirección de correo)
Enviado: lunes, 02 de marzo de 2015 11:50:10
Para: Jose Bono (omito deliberadamente la dirección de correo)
Respetado Ministro,
Agradezco su atento correo del pasado 27 de Febrero en el que me
anuncia la publicación de la segunda entrega de sus memorias.
Cuando se refiere a que no es la primera vez que relata su visita al
EMAD aquel 13 de Octubre de 2004, supongo que alude a lo que publicó
"El País" en mayo de 2013, con motivo del décimo aniversario del
accidente del Yakovlev.
Aquel día actué como un militar y, con todos mis respetos, volvería a
hacer lo mismo. Como decían las viejas Ordenanzas –las que yo
estudié- “el oficial cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar
siempre bien, vale muy poco para el servicio”. Ud. es un político, y su
margen de actuación es mucho más amplio.
Reiterando mi agradecimiento por su comunicación, reciba un cordial
saludo.
Juan Pardo de Donlebún y Montesino
Su respuesta no tarda en llegar, tan solo 15 minutos. En ella se aprecia su
irritación, aunque no sea más que por el énfasis añadido al texto resaltándolo
en “negrita” que he respetado aquí:
De: Jose Bono (omito deliberadamente la dirección de correo)
Enviado: lunes, 02 de marzo de 2015 12:05:51
Para: Donlebun (omito deliberadamente la dirección de correo)
Estimado general Pardo de Donlebún:
Yo también volvería a hacer lo mismo: es decir, buscar y llevarme
del EMAD los documentos necesarios para tratar de esclarecer las
responsabilidades habidas en la contratación del Yakovlev en que
perdieron la vida 62 soldados españoles. Igualmente, también
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volvería a ascenderle a general por las razones que le expuse desde
el salón del Consejo de Ministros el día de mi cese.
Mi margen de actuación, como el de cualquier ser humano libre,
viene dictado por las leyes y es tan amplio o tan estrecho como su
libertad personal, honor y conciencia le consienten.
Cordialmente le saluda, José Bono
Unos días después recibí una invitación para acudir a la presentación del libro
en el Hotel Intercontinental el día 24 de Marzo. Naturalmente, no acudí.
En fin, vayamos al contenido de las mencionadas páginas 149 y 365, en las
que me cita, como ya he dicho, sin permiso.
PÁGINA 149
“España pagó 149.000 euros por el Yakovlev, pero costó 38.500 ¿Quién
se quedó con más de 100.00 euros?”. El mero hecho de hacer tan gravísima
afirmación es una muestra palmaria de su mala intención ¿Qué pretende
insinuar? ¿Qué mi amigo Joaquín Yáñez, solo o en compañía de otros
oficiales, se dedicaba a hacer turbios negocios recibiendo comisiones? Esto es
lo que cualquier bienintencionado lector ajeno a estas cuestiones podría
deducir. El colmo es cuando al final del capítulo (página 150) remata
semejante sugerencia con esta otra: “¿Sucedió lo mismo en los más de 40
vuelos anteriores contratados para el transporte de las tropas españolas?
La insinuación es tan perversa como de calculada ambigüedad, pues se cuida
mucho de acusar directamente a nadie, ni a los oficiales responsables de la
contratación en el EMAD ni a los de la Agencia NAMSA de la OTAN. No es
menos cierto que, al final, en una pequeña nota a pie de página, menciona a “la
línea de contratación”. Pues bien, lo cierto es que por ese vuelo,
sencillamente, no se pagó nada. Esta clase de servicios, que yo mismo
contraté durante los años sucesivos, no se pagaban hasta que se completara
el transporte a satisfacción del cliente, cosa que, naturalmente, no llegó nunca
a producirse. ¿Se puede imaginar alguien al contratista presentando la factura
después de haberse estrellado el avión y muerto todos sus ocupantes?
El ministro, como él mismo afirma, aprovecha la ausencia del JEMAD para
acudir a su Cuartel General y así “no comprometerlo”. “Me reúno con el jefe
del Estado Mayor Conjunto y con otros oficiales. Les noto en guardia,
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recelosos. Ellos no se fían de mí y yo no me fío de ellos”. No puedo estar
más de acuerdo. La tensión se mascaba en el ambiente. Fue una larga
reunión y muy desagradable, en la que en varias ocasiones le contradije de
plano. Especialmente doloroso me resulta recordar como tuvimos que
aguantar de su boca aquella depravada afirmación que él mismo cita en el
libro:
“en el Yakovlev no se transportaba ganado sino militares españoles y
debo decirles que esta casa no actuó con la diligencia debida”.
Dice que vino al EMAD para “recabar datos del Yakovlev”, pero lo cierto es
que, visiblemente alterado, asaltó mis propias dependencias entrando como
un elefante en una cacharrería y llevándose toda la documentación de manera
indiscriminada. “Pregunto dónde están los archivos del Yakovlev y me
bajan hasta un despacho donde hay un armario cerrado”. Esta parte del
texto podría parecer irrelevante, pero lo cierto es que no lo “bajamos” a ningún
sitio, más bien lo “subimos”; en efecto, fui yo mismo el que respondí a su
pregunta diciéndole que los archivos estaban en mi Sección, la Sección de
Logística Operativa de la que yo era el Jefe y, por tanto, responsable. En
consecuencia no lo bajamos a ningún recóndito y oscuro sótano donde
ocultásemos información sensible, como podría deducirse de su novelero
relato.
Lo subimos de la segunda a la tercera planta del edificio, donde yo
mismo y mis oficiales disponíamos de unos dignos y soleados despachos.
“Dicen que la llave la tiene un comandante que hoy no ha venido porque
está enfermo. Fuerzo el armario.” Es cierto que el comandante que
gestionaba el día a día de las operaciones de transporte aéreo estaba enfermo
y disponía de una llave que, además, sin duda, estaría en su despacho. El
comentario se lo hice al JEMACON queriendo resaltar la contrariedad de esta
incidencia, pues si como pensábamos, el ministro quería solamente “recabar
datos”, la presencia del comandante, por experto conocedor del archivo,
podría resultar de gran utilidad. Pero la capacidad de fabulación del ministro no
tiene límites ¡Yo tenía mi propia llave en mi despacho y yo mismo abrí el
armario en su presencia! El ministro no forzó nada; repito: yo mismo le abrí el
armario con mi propia llave, eso sí, muy contrariado por cómo se estaban
desarrollando las cosas.
Lo que sucede a continuación es esperpéntico.
El Sr. Ministro y su director de
gabinete se lanzan al armario en cuestión y de manera compulsiva empiezan a
extraer sin orden ni concierto cuantos documentos encontraron; prácticamente
vaciaron el armario. Yo, perplejo ante la escena, le hice saber que todos esos
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documentos eran originales, que me dijera que es lo que deseaba llevarse y yo
mismo me ocuparía de que el gabinete de reprografía del EMAD los
fotocopiase para enviárselos después del preceptivo cotejo del interventor del
EMAD, tal como hacíamos habitualmente cada vez que algún juzgado nos
pedía documentación. Es cierto lo que dice: “El coronel Juan Antonio Pardo
de Donlebún me dice que tiene órdenes de que de allí no salgan papeles
sin la debida custodia. Le miro con enfado y le ordeno: “Llame a la
Guardia Civil para que los conduzca y custodie hasta mi despacho”
¡Como si yo tuviera atribuciones sobre la Guardia Civil!
En fin, no fue necesario, se los llevó y punto. Lo que no cuenta el Sr. Bono es
que yo, visiblemente enojado, ordené en voz alta a uno de mis oficiales que
levantara una relación de lo que se estaba llevando el Sr. Ministro. Relación a
cuyo pie yo mismo firmé el “entregado”. El Sr. Bono declinó estampar su
firma en el “recibido”, delegando el engorroso trámite en su ayudante militar
que, dicho sea de paso, lo mandó llamar, pues lo había dejado fuera del
despacho, por lo que era ajeno a lo que dentro se desarrollaba. Conservo
copia del documento, fechado el 13 de Octubre de 2004 y cuyo
encabezamiento dicté como sigue:
RELACIÓN DE DOCUMENTOS ENTREGADOS AL CAPITÁN DE CORBETA
D. (omito deliberadamente el nombre) POR ORDEN DEL EXCMO SR.
MINISTRO DE DEFENSA PARA QUE LOS CUSTODIE Y VIGILE HASTA
QUE EL MINISTRO ORDENE SU DEVOLUCIÓN AL LUGAR DEL QUE
SALIERON, ES DECIR, LA DIVISIÓN DE OPERACIONES DEL ESTADO
MAYOR CONJUNTO.
Esta parte de la historia, naturalmente, no la cuenta el ex-ministro. Como
tampoco cuenta el auténtico sainete que se desarrolló en aquel despacho, en el
que ajenos a lo que sucedía dentro, entraban y salían oficiales, suboficiales y
hasta la señora de la limpieza, que no daban crédito a lo que contemplaban (si
no fuera por la gravedad de los hechos, diría que en algunos momentos aquello
llegó a parecerse al camarote de los hermanos Marx). Dada la urgencia que
mostró el Sr. Bono por salir del EMAD con su requisa, ¡hubo que recurrir a la
despensa!, desde donde nos proporcionaron cajas de cartón del más variopinto
aspecto.
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PÁGINA 365
Ya al pié de la página 149 dice: “Por esta causa me negué a ascender al
coronel en las tres ocasiones que lo propuso el AJEMA. Hoy es general
porque apeé la hostilidad y lo promoví al generalato como última decisión
de ministro en el Consejo de Ministros de 7 de abril de 2013” (fue en 2010,
se trata, sin duda, de un error).
El Sr. Bono comienza este, que es el último capítulo, refiriendo las
circunstancias de mi ascenso. Sucede el Viernes, 7 de Abril de 2010 y se titula
“Cesa el ministro de Defensa número 427”. Dice: “Es mi último Consejo
de Ministros y recuerdo que no accedí a tramitar el ascenso del coronel
de Infantería de Marina Juan Antonio Pardo de Donlebún. El jefe de la
Armada me lo había propuesto anteriormente hasta en tres ocasiones,
pero siempre me había opuesto con razones bien fundadas. Trató de
dificultarme la salida de documentos del Estado Mayor de la Defensa con
motivo de la investigación de la irregular contratación del avión Yakovlev
42.” Dice esto, escribe esto en el año 2015 y, permítaseme la licencia, ¡se
fuma un puro! ¿Cómo es posible que después de dos sentencias de la
Audiencia Nacional, la última avalada por el Tribunal Constitucional se permita
hablar de “contratación irregular”? ¿Es que tiene más crédito su criterio que el
de los tribunales de justicia? ¿No es para quedarse perplejo?
Sin solución de continuidad, sigue el relato: “Sin embargo, hoy he decidido
ascenderlo. Es la última decisión que tomo como ministro de Defensa y
se la comunico al interesado por teléfono, desde el salón del Consejo de
Ministros.”
Yo mismo me hago una reflexión: o fue arbitraria la decisión de negar la
tramitación de mi ascenso pese a haber sido propuesto por tres veces
consecutivas por el Jefe de Estado Mayor de la Armada o, por el contrario, lo
que fue una arbitrariedad fue el ascenderme a la cuarta. ¿Qué había
cambiado?
El Artículo 14 de las Reales Ordenanzas, las que yo estudié, dice: “La justicia
debe imperar en lo Ejércitos de tal modo que nadie tenga que esperar del favor
ni temer de la arbitrariedad”.
Y acaba: “Mantenemos una breve conversación telefónica en la que se
emociona. “Mi padre, de 90 años, señor ministro, lo agradecerá muy
especialmente” Así me voy, sin ningún encono en la cartera ministerial.”
Desde luego, no es habitual que el propio Ministro llame a un simple coronel
para comunicarle personalmente su ascenso al generalato. En consecuencia,
mi sorpresa fue mayúscula y, claro que sí, es cierto que me alegré; ni por
asomo me lo esperaba, más bien había abandonado ya cualquier esperanza de
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ascender. Durante las semanas anteriores, tanto el JEMAD como el AJEMA,
me habían insistido en la conveniencia de que fuera a ver al ministro. Yo me
negué; bien es verdad que, afortunadamente, nadie me lo ordenó. Lo cierto es
que pese a las sugerencias recibidas, nunca le pedí audiencia. Mi conciencia
me dictaba que si había de ascender no tenía por qué dar explicaciones ni,
mucho menos, pedir favores. Me consta que tanto el JEMAD como el AJEMA
se empeñaron en mi causa hasta la saciedad ante el ministro, hasta que
finalmente decidió ascenderme para, como dice ahora, “irse sin encono” o
“apear la hostilidad”. Entonces solo cabe concluir que lo suyo fue una
decisión sectaria por motivos personales, impropia de su cargo y dignidad.
Yo no tengo anotado lo que hablamos, como él, que según dice lo apuntaba
todo. Por consiguiente no estoy en condiciones de confirmar la literalidad de
algunos de los párrafos de su libro. Sin embargo, dudo mucho que le dijera
eso de que “mi padre lo agradecerá muy especialmente”. Mi padre no tenía
que agradecer nada, él era un viejo marino de guerra fajado en la disciplina.
Conciéndome como me conozco, me inclino a pensar que mi frase fuera que mi
padre se “alegrará especialmente”, como así fue, por cierto. Lo que sí recuerdo
es que le mencioné la última parte del artículo 14 de las Reales Ordenanzas.
Me considero una persona educada; estuve amable –lo cortés no quita lo
valiente- y me sentía contento por la noticia, es natural. Creo que le dije algo
así: “muchas gracias, señor ministro, a pesar de ser un día complicado para
usted, ha decidido finalmente ascenderme. Entenderá usted que yo no
alcanzaba a comprender las razones por las que no ascendía. Y me complace
comprobar que se cumple aquello que dicen la Ordenanzas: el militar no debe
esperar del favor ni temer de la arbitrariedad”
EPÍLOGO
El 7 de Abril de 2010 pasé a la situación de Reserva, exactamente cuatro años
después de mi accidentado ascenso a General de Brigada. Hoy, a punto de
cumplir los 65 años y pasar a la situación de retirado, miro con satisfacción mi
pasado militar como Infante de Marina, de lo que tan orgulloso me siento. He
disfrutado de más de 40 años de servicio a la Patria en Activo, y algo más de 5
en la Reserva. Supongo que a lo largo de mi vida militar habré cometido
errores, pero de ningún modo considero un error el haberme enfrentado al
Ministro de Defensa aquel 13 de Octubre de 2004. Como le dije al Sr. Bono en
el correo electrónico, aquel día actué como un militar y hoy volvería a hacer lo
mismo.
También miro con optimismo mi futura vida como Militar Retirado. A la Armada
y a mi querida Infantería de Marina no tengo más que agradecerle todo lo que
me han dado, que ha sido, sin duda, mucho más de lo que yo les he ofrecido.
Espero que Dios me dé una larga vida en la que disfrutar con los míos de un
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futuro enriquecedor y, por qué no, también de los recuerdos de un viejo
soldado.
No guardo rencor. Sólo he pretendido decir mi verdad, tan testigo de los
hechos fui yo como el Sr. Bono. No se trata de defenderme de nadie ni de
nada; de hecho, como manifesté al principio, no me siento atacado, pero me
duele enormemente que se ponga en duda la honorabilidad de los compañeros
que me precedieron, y que todavía este señor tenga la osadía de sostener que
la contratación del Yakovlev fue irregular. Mi queridísimo amigo y compañero,
el coronel Joaquín Yáñez, al igual que sus jefes y sus subordinados, no solo
actuaron con honradez, sino que cumplieron impecablemente con su deber. El
Yakovlev 42-D se estrelló y murieron todos sus ocupantes. No se estrelló por
ser un avión ruso, ni por estar en malas condiciones, ni por ser, como se ha
llegado a decir, un avión basura. El avión estaba en perfectas condiciones, lo
que ocurre es que, desgraciadamente, a veces ocurren desgracias aéreas por
errores humanos, como quedó acreditado en la sentencia del caso que nos
ocupa. Es lamentable que todavía, 12 años después, y pese a los dictámenes
de los tribunales de justicia, se siga cuestionando la actuación de aquellos que
lo contrataron.
Y es más lamentable todavía que se haya querido utilizar esa terrible tragedia
con fines políticos, aunque para denostar al adversario se tenga que utilizar a
los militares. Es muy fácil, ellos piensan que nosotros siempre vamos a
responder “¡Señor, si, Señor!” Pues no, a veces hay que decir, con voz alta y
clara, “¡Señor, no, Señor!”, aunque a uno le pueda costar el ascenso.
Madrid, 3 de Mayo de 2015
Juan Pardo de Donlebún y Montesino.
General de Brigada de Infantería de Marina (Res)