lunes, 16 de mayo de 2016

Un sátrapa en estado de desesperación

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro

Cada día que pasa, empeoran las posibilidades de supervivencia de los venezolanos, Venezuela es hoy un país arrasado, con unos niveles escalofriantes de violencia y miseria, en manos de unos sujetos que se han dedicado a robar a manos llenas, reprimir toda disidencia a sangre y fuego y dinamitar las instituciones. Hoy, Venezuela es una suerte de Estado fallido y canalla al borde del colapso total, cuya inestabilidad puede tener muy graves consecuencias para toda la región y más allá, habida cuenta del poderoso influjo que ha ejercido Caracas en numerosas capitales en los últimos lustros.

En un nuevo episodio del golpe de Estado permanente con que está destrozando el país que jamás debió gobernar, el infame sucesor del infausto Hugo Chávez, Nicolás Maduro, ha decretado el estado de excepción en Venezuela y dictado la toma de empresas paralizadas por causa de la tremenda crisis de desabastecimiento desencadenada por la demencial política económica del régimen chavista, así como el encarcelamiento de sus propietarios, a quienes ha acusado de saboteadores.

Con el objeto de amedrentar a un pueblo ya bastante castigado por su incompetencia, ha decidido organizar unas maniobras militares con un ejército que aún sigue apoyándole. Con estos ejercicios militares, dice Maduro, los venezolanos dirán "al imperialismo, a la derecha internacional: 'aquí está el pueblo, con su instrumento de labranza en una mano y en la otra con un fusil, con un misil, con un lanza misil, con un tanque para defender esta tierra sagrada".

Esta es la democracia socialista, desconocer la voluntad popular, mostrar músculo militar para amedrentar al pueblo , buscar enemigos extranjeros, como los yankis y Rajoy  lo han ignorado pues se busco a Uribe como enemigo y prefiere seguir gastando en armamentos antes de satisfacer las necesidades del pueblo. Recientemente ha adquirido a Rusia un nuevo contingente de material de guerra que pretende utilizar, como un niño ante sus nuevos juguetes.

El único saboteador que padece Venezuela es este sujeto repugnante, encarnación de la barbarie totalitaria en una versión insoportablemente grotesca. Ha animado a sus seguidores a tomar aquellas empresas y encarcelar a sus propietarios que están paralizadas por falta materias primas, algo que solo puede remediarse desde el gobierno. Él y su siniestro régimen liberticida y criminal, que pasará a la historia americana de la infamia por la ominosa manera en que está destruyendo hasta los cimientos uno de los países más importantes de la región.

Lo que está haciendo el chavismo con la patria de Bolívar no tiene nombre; es un decir, porque la pavorosa realidad es que por supuesto que lo tiene: socialismo del siglo XXI, ese engendro descalificable que durante tanto tiempo ha contado con el respaldo de tantos revolucionarios por cuenta ajena que, sin vergüenza, a su vez se postulan como los regeneradores de la política en sus propios países. Ahora con los cambios de gobierno en Argentina , Grasil o el giro de Cuba, puede decirse que se ha quedado solo en sus delirios. 

Hasta hace pocos meses Pablo Iglesias y sus colegas del CEPS ayer asesores del régimen venezolano y hoy candidatos para el gobierno de España nos han dado una muestra de lo que pueden hacer en nuestro país. Solo hay que girar la vista y contemplar los disparates cometidos en los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Cadiz y otros en los que ya han tomado el poder con la inestimable ayuda de Pedro Sánchez. España puede ser tomada casi sin resistencia por esta gente con la excusa de acabar con la corrupción cuando el modelo utilizado por ellos ha dado estos resultados en el país americano. Sería un suicidio caer en manos de esta gente impresentable: mucho cuidado; el precio puede ser pavorosamente oneroso.

España, Estados Unidos y las democracias iberoamericanas deben presionar sin descanso a un régimen radicalmente ilegítimo que libra una guerra sin cuartel contra su propio pueblo y que además es extremadamente tóxico en la arena internacional. Se han de acabar las contemplaciones y los paños calientes, la fingida indiferencia, el mirar para otro lado, las criminosas complicidades: ha llegado la hora de poner a Maduro y su banda ante sus tremendas responsabilidades.

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