miércoles, 6 de julio de 2011

Despropósitos

El cierre de la línea de AVE Toledo - Cuenca - Albacete, la interrupción de la línea de AVE a Lisboa, las dudas sobre la rentabilidad del AVE a Galicia y su desastre hasta Valladolid, o la inauguración de aeropuertos a menos de cien kilómetros de otros que funcionan perfectamente donde apenas aterrizan aviones, como en León, Lerida, Castellón o Ciudad Real  en cada son un referente a cuanto a un despilfarro del erario público. No son solo inversiones paralizadas sino unas obligaciones a su mantenimiento, que restarán recursos en un futuro a las atenciones de Sanidad o Educación. Son inversiones inútiles que solo han servido para las fines electorales de los déspotas de la zona. Nuestros nietos seguirán pagando estos disparates.
 Todo esto pone de relieve hasta qué punto decisiones de carácter político realizadas sin criterios de eficiencia económica sin estudios previos de rentabilidad futura en base exclusivamente de la oportunidad política empobrecen a las naciones sin atender a las verdaderas necesidades de los ciudadanos.
Es un mal ejemplo la resistencia de los poderes públicos a presentar memorias económicas que aclaren cómo y en qué se gasta el dinero público. Otro ejemplo es la SGAE, donde el Ministerio de Cultura ha renunciado históricamente a velar por su buen funcionamiento, refleja de manera nítida la desidia de los poderes públicos a la hora de escrutar los actos de su perímetro de influencia.
No se trata de judicializar la vida política, lo cual sería un despropósito, pero parece evidente que cuando un gestor toma decisiones de gasto que hipotecan a generaciones futuras de manera suicida, sus actuaciones deben estar soportadas por altos niveles de transparencia y de rigor técnico. Quienes tienen la responsabilidad de manejar y no cumplen con sus obligaciones para las que han sido nombrados, no deberían irse de rositas y asumir no solo políticamente las consecuencias de sus actos.  

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