lunes, 25 de agosto de 2014

El desastre de Argentina


El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. En realidad, los traspiés son constantes, aunque bien es cierto que hay ejemplos difíciles de emular una vez vistas sus consecuencias. El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. En realidad, los traspiés son constantes, aunque bien es cierto que hay ejemplos difíciles de emular una vez vistas sus consecuencias.

Un caso de estudio sería el actual proyecto de modificación de la Ley de Abastecimiento, impulsado por el Gobierno de Cristina Fernández de Kishner de  la economía argentina ya está de por sí fuertemente intervenida, con el cepo cambiario, la imposición de precios máximos o Precios Cuidados o la devaluación del peso, entre otras muchas restricciones, Kirchner da una vuelta de tuerca más a la inestable situación económica del país austral.

El plan estratégico presentado por el secretario de Comercio, Augusto Costa, en torno a las Leyes de Defensa del Consumidor, Lealtad Comercial, Defensa de la Competencia y Abastecimiento, ha levantado una ola de críticas generalizadas en medios de comunicación y oposición, ante el incremento exacerbado de la intervención estatal.

De las normas a modificar, cabe resaltar la presentada en el Congreso para la legislación sobre abastecimiento. Y es que, la propuesta, lejos de progresar e innovar, se retrotrae al pasado. En concreto, a 1974, en plena Guerra Fría, poco antes de la muerte del General Juan Domingo Perón. 

El proyecto, rebautizado ahora como Relaciones de Producción y Consumo, contempla mecanismos gubernamentales tales como incautar, consignar y vender bienes y servicios sin juicio de expropiación; otorga mayores atribuciones para controlar los precios; dispone sanciones por acaparamiento de materias primas, por falta de continuidad en el abastecimiento o por no producir bienes dentro de los márgenes establecidos por el Gobierno. 

Asimismo, permitiría al Estado intervenir en los procesos económicos de las empresas, fijando márgenes de utilidad y volúmenes de producción. Bajo la modificación de esta ley también se faculta al Poder Ejecutivo para incautar toda la documentación comercial que considere pertinente, así como la clausura preventiva de los comercios, sin necesidad de intervención judicial.

Es ilógico pensar que el empresario va a producir a pérdidas

Como guinda de pastel, todas las sanciones impuestas por incumplimiento de la norma se pagarán primero y se reclamarán después. "Esta norma, como todo lo que hace el Gobierno, es extemporáneo. Rememoran políticas que han fracasado en el pasado y que siguen haciendo a países del mundo fracasar", declara a Libre Mercado Luis Miguel Etchevehere, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA).

La norma no tiene cabida en la economía moderna. Prueba de ello es "la contradicción de pensar que un empresario vaya a producir a pérdidas por cumplir las obligaciones de producción, es absolutamente descabellado", resalta.

¿Y la propiedad privada?

El G-6 argentino, formado por los presidentes de las grandes asociaciones de Industria, Construcción, Comercio, Bolsa, Bancos y el mundo Rural a la cual representa Etchevehere, mantuvieron este martes para cordar una posición común ante el proyecto kirchnerista. 

"Es una norma totalmente anticonstitucional. El control de precios que ya ejerce Kirchner ha causado efectos muy negativos". El entrevistado se basa en ejemplos como el del sector cárnico, donde, a causa de la intervención, más de 8.000 frigoríficos han quebrado y el negocio de 16.000 productores y 17.000 ganaderos ha tenido el mismo destino.

Potestad para dirimir 'ganancias excesivas' o 'maniobras especulativas' 

Las modificaciones presentadas "otorgan facultades judiciales al Secretario de Comercio, que es el encargado de elegir con discrecionalidad conceptos tan ambiguos como excesivas ganancias o maniobras especulativas". En definitiva, la reforma rompe con el respeto a la propiedad privada. "Tu empresa, ya no es tuya; trabajas para el Estado", resalta con indignación el líder de Sociedad Rural.

No pocos economistas y analistas críticos han alertado sobre cómo el Gobierno vuelve a atacar los efectos en vez de resolver las causas de los graves problemas que aquejan a la economía argentina. La imposición de precios máximos en algunos productos, como es la política de Precios Cuidados, o el propio cepo cambiario instaurado en 2011 para evitar la salida de divisas del país, no sólo han fracasado de forma estrepitosa, sino que han causado nuevos estragos.

Muchos de los artículos están copiados de Chávez 

El ala más estatista del kirchnerismo está imponiéndose en el Gobierno y no son pocos los medios de comunicación que alertan sobre las similitudes entre las políticas de Argentina y Venezuela. La Planificación Económica instaurada por el fallecido Hugo Chávez ha empobrecido enormemente a Venezuela, que, a pesar de contar con una de las mayores reservas petrolíferas del mundo, sufre incluso problemas de escasez de gasolina.

"En la ley de abastecimiento muchos de los artículos están directamente copiados de Chávez. Si Venezuela es un ejemplo a seguir, estamos en un viaje rumbo al fracaso, tanto económico como político", sentencia Etchevehere.

El "Socialismo del siglo XXI", que no deja de ser el comunismo de toda la vida solo que disfrazado con maniqueos ropajes democráticos, demuestra, día a día, su inmensa capacidad para generar grandes dosis de miseria, decadencia y represión a su paso. Prueba de ello es el caos económico y social que existe en Venezuela, tras el ascenso al poder de Hugo Chávez, y en Argentina, bajo el renovado peronismo de los Kirchner. Ambos países, otrora ricos y prósperos, son hoy simples bosquejos irreconocibles de un pasado mucho mejor y, pese a todo, mantienen firme su rumbo hacia el suicidio nacional encandilados por los cantos de sirena de sus líderes populistas. 

Argentina acaba de suspender pagos por segunda vez en apenas una década e insiste en incumplir sus compromisos legales y financieros, ignorando incluso las resoluciones de la Justicia, pese a que la quiebra soberana perjudicará de forma muy grave a la mayoría de su población. De hecho, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, lejos de corregir esta irracional deriva, prepara un nuevo proyecto para amordazar, aún más si cabe, al paupérrimo y muy debilitado sector privado que, a duras penas, sobrevive en el país austral. Con la excusa de combatir la escasez e inflación que ella misma ha creado con su nefasto intervencionismo económico, Kirchner pretende ahora que el Estado fije de forma arbitraria los precios de la mayoría de bienes y servicios, así como las condiciones y volúmenes de la producción o los beneficios de las empresas, bajo amenaza de fuertes sanciones y, en última instancia, la expropiación indiscriminada. 

Esta norma es muy similar a las restricciones que aplicó Chávez en sus últimos años de vida y a las medidas que, recientemente, ha puesto en marcha su sucesor, Nicolás Maduro, con la vana intención de frenar la peligrosa escalada hiperinflacionista que está arruinando a Venezuela. El Gobierno bolivariano culpa a los "especuladores", a la "burguesía" y al "imperialismo" de todos los males que aquejan a su país, sin querer -o poder- percatarse que la raíz del problema radica en el exacerbado estatismo que imponen sus regímenes, ahogando con ello el mínimo atisbo de libertad económica y actividad empresarial. El control de precios, la manipulación de los tipos de cambio, la restricción a la libre circulación de divisas, la nacionalización de las grandes industrias, la ausencia total de seguridad jurídica, el déficit público y la alocada política monetaria que, de forma más o menos similar, existen en Argentina y Venezuela conducen de forma irrevocable a la hiperinflación, a la escasez y al empobrecimiento generalizado de la población, tal y como se ha encargado de demostrar la historia en todas y cada una de las experiencias comunistas y/o hiperestatistas.

De ahí, precisamente, que Venezuela, más allá de la falta de alimentos básicos o de papel higiénico, sufra incluso desabastecimiento de gasolina, hasta el punto de tener que importar combustible, o que su producción petrolífera se haya desplomado tras la nacionalización del sector energético, a pesar de que el país flota, literalmente, en un océano de crudo. O que Argentina, siendo uno de los países más ricos del mundo a principios del siglo XX, sea hoy un país casi en vías de desarrollo... Y bajando. 

Lo trágico es que en España haya prendido también la mecha del populismo, bajo el partido Podemos, cuyos líderes toman como referencia ideológica a Chávez y Kirchner, y cuyo proyecto no es más que la versión española del nuevo socialismo bolivariano. La propuesta política de Podemos se resume en mucho más Estado -más impuestos, más gasto, más empresas públicas, más restricciones, más burocracia, más déficit, más deuda, más inflación, más corrupción...- y en mucho menos mercado -menos libertad económica e individual, menos seguridad jurídica, menos empresas, menos beneficios, menos rentas, menos trabajo, menos riqueza, menos libertad de expresión, menos libertad de prensa...-. Basta mirar mínimamente a Venezuela y Argentina para comprobar el paraíso socialista que pretende implantar Podemos en España.

L.D.

2 comentarios:

  1. Petunia Pint

    Un país con tanta riqueza... Hay que estar majaretas para elegir y tolerar ciertos gobiernos!

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  2. Josè Ignacio Montalvo Gordo

    Otro corralito, como es posible que voten a semejante enjendro ?. ARGENTINA QUERIDA, QUIEN TE HA VISTO Y QUIEN TE VE !!!.

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