lunes, 15 de septiembre de 2014

No queda otra



 
La Diada ya pasó y el 9-N puede ser ya historia, aunque no haya llegado. Pasará lo que tenga que pasar, se celebre o no un referéndum pregonado con la excusa de poder votar y que lo que se pretende es otra cosa. Es un hecho que España no es una dictadura y se vota con regularidad quizá menos de lo deseable. La Constitución marca los plazos y las responsabilidades de cada uno. Las encuestas y los resultados de las diferentes elecciones en Cataluña permiten algunas conclusiones que no se deben ignorar. El independentismo tiene cautivo y movilizado en torno al 35% del censo electoral. El resto igual puede dejarse llevar… O no…
Lo que es evidente que una buena porción de catalanes, después de 30 años de inmersión y adoctrinamiento, se siente incómoda dentro del Estado Español y que acuciada por sus propios gobernantes se va a dirigir, con más o menos crispación y/o confrontación, a unas elecciones autonómicas, más o menos inminentes, decisivas.
Quien dice querer saltarse las normas es el propio Artur Mas quien ha pilotado hasta aquí una hoja de ruta que ha llegado a final. Él es quien tiene ahora mismo la llave para que los catalanes acudan a las urnas sin tantos subterfugios. Le basta con disolver el Parlament y convocar nuevas elecciones anticipadas, o precipitadas como dicen algunos, pero creo que a nadie le interesa que esto ocurra precisamente ahora.
Puede decirse  que en Cataluña cada vez hay más ciudadanos que se sienten huérfanos de CiU. Se trata de personas que durante años han comprado el mensaje de la federación de ser la formación de la tranquilidad, de la eficacia, del seny y de la gestión. Personas que sociológicamente las situaríamos en el centro político y que ahora están perdidas y sin un partido donde verse reflejadas. Electores a los que les gusta la tranquilidad y que huyen tanto de las rupturas bruscas (como las que puede provocar el autollamado "procès") como de la gestión ineficaz y corrupta.
La probable ruptura de CiU debilita a CDC y quita al bloque independentista apoyo en la burguesía catalana y junto a la amenaza de salirse de Europa la mengua no va ser pequeña; ERC y lo que puede quedar de CIU por sí solos no creo que sean capaces de articular una mayoría alternativa. No ya directamente, sino ni tan siquiera con pactos postelectorales.
Más aún, con el caso Pujol danzando por los juzgados y la probable implicación personal de Artur Mas en dicho asunto, puede dar lugar a que algunos jueces y muchos catalanes empiezan a hacerle preguntas molestas sobre la actuación de su partido los últimos 35 años.  Como su personaje de Artur Mas se da ya por amortizado, su mayor empeño va a ser llegar como sea al final de legislatura.
Aunque parezca contradictorio, muchos de los "huérfanos de CiU" han ido a parar a Ciudadanos. Se trata de personas con ganas de cambio y que ven en el equipo de Albert Rivera una regeneración necesaria para Cataluña. C’s quiere consolidarse como el partido de centro español y sin duda podría ser este un guiño hacia el electorado que CiU ha ido perdiendo en los últimos meses. El problema que tiene el partido de Rivera es que muchos catalanes de entrada ya ni les escuchan.
Quien parece que tiene todas las posibilidades de ganarlas es Oriol Junqueras, pero está interesado en que esto suceda lo más tarde posible, ya que en este momento no de una estructura creíble ni dispone de un plan de gobierno para no pensar que tal gobierno podría durar unas pocas horas a partir de su salida al balcón de la Plaza Sant Jaume y no está dispuesto a convertirse en mártir por la independencia. Incita a saltarse la ley pero prefiere que sean los demás quienes la cometan. Veremos si llega a gobernar, va a permitir que quien no esté de acuerdo se salte ley.
El caso es que Rajoy no tiene ninguna gana de provocar nada y está esperando que baje el suflé del 11S por lo que estará dispuesto a soltar dinero mientras nadie se salte definitivamente la ley. Confía que los jueces le eviten el trabajo que ya debería haber realizado en defensa de la unidad de España. Pero por otro lado está la promesa de Artur Mas a los independentistas de poner urnas el 9 –N para  un refrendo ilegal y cuando esto ocurra, el Estado Español no tendrá más remedio que impedirlo.  
Frente a esta realidad aparecen dos elementos de cambio de la situación: la irrupción de Podemos y la permanentemente anunciada y nunca consumada ruptura entre CDC y Unió. Los resultados de PSC, PP y Ciudadanos pueden ser mejores o peores pero, a corto plazo, no serán suficientes para articular una mayoría electoral que permita un gobierno alternativo, que al final es lo único que puede variar la dinámica en la que nos encontramos.
Ante este panorama no queda más remedio que articular una alternativa, cambiar el lenguaje, olvidar el pasado, dejar de contraponer sentimientos y proponer un programa para un futuro mejor sin utopías pero sin riesgos inasumibles. Al final, Cataluña será lo que queramos los catalanes. Esforcémonos para que los que no queremos aventuras suicidas, que somos una mayoría social, no acabemos perdiendo por nuestra incapacidad para ofrecer alternativas electorales atractivas y movilizadoras de los que, no siendo independentistas, se quedan en casa.

2 comentarios:

  1. Chickenboy

    Porque España es una democracia, los catalanes votarán, igual que lo harán todos los españoles en la municipales, autonómicas, nacionales y europeas. Y no lo harán en ningún referendum iegal.

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  2. Sebas Verón

    Para el independentismo, es genial la estrategia de Duran i LLeida, de simular peleas y hacer ver que existen posibilidades de ruptura que hagan descarrilar el proceso catalán. Mientras tanto, en España se frotan las manos esperando como tontos, pero ese es el objetivo catalanista: que no se mueva España ni un milímetro de su posición. Catalunya necesita sólo 72 horas más para aprobar una ley de consultas, y sólo se podría estropear la unidad independentista si Rajoy dijera alguna cosa que sonara a "esperanza". Esperemos que se mantenga calladito como hasta ahora, y se apruebe la Ley de Consultas y el Decreto de consulta del 9N. Aunque pueda anularse, los catalanes votaremos igualmente.

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