sábado, 13 de febrero de 2016

La corrupción es del sistema


En estos últimos días tan trascendentales al Partido Popular se le acumulan las acusaciones de corrupción, como les ha estado ocurriendo en otros momentos a casi todos los principales partidos del país. Lo que no se sabe y probablemente no se va a descubrir, si estas “casualidades” provienen de las delaciones de personas del propio partido que están envueltas en luchas por el poder. Mucho más difícil que ocurra que dicho conocimiento provenga del partido contrario, aunque posteriormente va a depender siempre del celo del juez que lleve estas investigaciones 

Uno de los “grandes logros” de la Transición fue reemplazar el tradicional método de corruptela individual por un “moderno” sistema de corrupción organizada… por los partidos. Tal invento consistía básicamente en separar en el espacio, incluso, en el tiempo, la prevaricación del cohecho. La concesión del favor y el cobro de la correspondiente comisión se llevarían a cabo por personas distintas y, además, en diferido. El dinero fluiría hacia los partidos a través de enrevesados vericuetos. Así, una tupida red de complejas tramas se propagó a lo largo y ancho de España, afectando a todas las instituciones, a todos los cargos, del Rey al concejal, y del concejal al empresario. Y durante mucho tiempo sólo salieron a la luz un puñado de casos, siempre de manera fortuita o a causa de cuitas personales.

Los partidos siempre prometen en público que apartarán a los corruptos. Pero, debido a la generalizada complicidad, este asunto no es tan sencillo. La decisión acaba siendo discrecional, dependerá del resultado de sopesar los costes del escándalo con los beneficios de proteger al corrupto. El partido debe elegir entre sacar pecho de cara a la galería o evitar que el imputado cante La Traviata. Le abandonarán a su suerte, o no, dependiendo de las fichas del juego que haya acumulado, de esas pruebas incriminatorias que todos guardan para utilizar, llegado el caso, como seguro de vida. Aquellos que tengan en su arsenal auténticas bombas de racimo podrán incluso librarse de la justicia, al beneficiarse de esa influencia que el poder político tiene sobre fiscalía y judicatura. 

Porque el grave problema que ha hecho que la corrupción sea sistémica y estratosférica en España es el sistema político que las élites se dieron a sí mismas tras la muerte de Franco, convenientemente corregidos sus “vicios” democráticos por el felipismo con la LOPJ de 1985, que consagró la dependencia absoluta del Poder Judicial de los caciques de los partidos, con lo que el sistema garantizaba la impunidad absoluta de los jerarcas políticos y de sus jefes económicos e institucionales. Ese es el problema, la impunidad absoluta de los caciques, garantizada por el ordenamiento legal. En estas condiciones, la corrupción total era sólo cuestión de tiempo, dada la naturaleza humana.

Y la corrupción total hace que, al final, todos estén pillados, cogidos unos por otros, en especial los máximos dirigentes. Por eso Rajoy no puede dejar caer a Rita y además, le tiene que dejar muy claro que no la va a dejar caer porque, de lo contrario, muy verosímilmente Rita se lo llevaría por delante con ella. 

La única forma de poner coto a la corrupción sistémica y generalizada es cambiar el sistema, estableciendo uno democrático en el que la depuración de los corruptos sea automática y no dependa de la voluntad de uno u otro cacique. 

¿Y cómo se hace eso? Con la fórmula repetida hasta la saciedad por las personas con un mínimo de racionalidad: separación real de Poderes, con elecciones separadas a cada uno de ellos y soberanía residente en la sociedad, que manden los electores en los diputados, lo que sólo se puede conseguir con circunscripciones unipersonales en las elecciones Legislativas, esto es, un sistema en el que los electores de cada circunscripción eligen a un solo diputado, el cual, inevitablemente entonces, está a sus órdenes y no a las de ningún jefe de partido. 

Con este sistema, para empezar, desaparecerían los aforamientos, el inútil Senado y, aunque no lo hicieran, los parlamentarios no permitirían que se protegiese a un corrupto porque les va el puesto en ello, además de que el propio corrupto sería obligado a largarse por sus electores, a lo que se uniría que la justicia haría implacablemente su trabajo, sin mirar a quién estaba empapelando. 

4 comentarios:

  1. Pedro Cuartero

    Nació corrupto y además se pusieron las bases de forma sutil, para que se extendiera a todo, Lo primero separación de poderes, segundo ni un solo aforado de ningún estamento, ni un solo euro ni a partidos, ni a sindicatos, elecciones por circunscripciones y a doble vuelta.A los diputados y senadores, tambien en comunidades,cobrar solo desplazamientos que sean necesarios y dietas, que no hagan de la politica una profesión-

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  2. Alejandro Ceg

    bueno a PPSOE en sobres. la educacion es la educacion.

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  3. Carlos Espejo Pattina

    hace falta desinfectar españa hay una plaga

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