lunes, 3 de septiembre de 2012

El Senado, cementerio de elefantes



El Senado es una institución cuya verdadera función resulta incomprensible para la mayoría de los españoles y cuya inerte y simple continuidad, sin modificaciones ni utilidad alguna, resulta escandalosa, especialmente en una época en la que el Gobierno somete a los ciudadanos a sacrificios e impuestos cada vez mayores. Si a esa situación de fondo le añadimos los datos que revelan la dedicación de muchos de sus miembros y los recientes y archirridículos episodios de traducción simultánea –fruto del empeño de algunos senadores por marcar distancias con la lengua común fingiendo no entender otra que la propia–, no tendremos otro remedio que reconocer que la persistencia del Senado es una muestra más de la reconocida insensibilidad de los políticos ante los problemas y dificultades que amargan la existencia de los ciudadanos comunes.

Nuestro Senado tiene pocas funciones y las que tiene suelen estar subordinadas al Congreso. En relación al control del Gobierno, sólo pueden formular preguntas, interpelaciones y mociones: ni participa en la elección del presidente ni tampoco, por tanto, puede interponer mociones de censura ni cuestiones de confianza. En relación a la función legislativa, aunque puede enmendar leyes previamente aprobadas por el Congreso, tales enmiendas pueden ser rechazadas por este. En igualdad con el Congreso, el Senado está facultado para designar determinados altos cargos y, en cuestiones puntuales y menores, disfruta de alguna competencia que no tiene la cámara alta. En todo caso, en el Senado dominan los mismos partidos que en el Congreso y son estos quienes, en definitiva, adoptan las decisiones.

Puede decirse que el senado no es nada mas y nada menos que una fuente de corrupción política donde se aparca o premia a aquellos políticos que normalmente no podrían estar ya en la política den activo y se les dota de este caro decorado de cartón piedra para mantener  un status o conseguir un doble salario.

De los 266 parlamentarios del órgano, 148 declaran tener otras ocupaciones. Otros 41 desarrollan actividades privadas y Sólo el 44% se dedica en exclusiva a la Cámara Alta. Fueron votados por los ciudadanos o por los Parlamentos autonómicos para que les representen en el Senado pero menos de la mitad se dedica a ello en exclusiva. La mayoría de los 266 senadores que componen la Cámara Alta en esta legislatura tienen otras ocupaciones, ya sea como cargo público en otra administración o entidad o desarrollando actividades y negocios de ámbito privado. En concreto, son sólo 118 los senadores que en su registro de intereses, actividades, bienes y rentas no declaran tener otra dedicación. 

El resto, o bien tiene un puesto en otra administración –autonómica (muchas leyes regionales obligan a que parte de sus senadores sean diputados autonómicos), provincial o local– o bien tiene ocupaciones privadas. Los parlamentarios con otro cargo público son un total de 107. En su mayoría son concejales, alcaldes o diputados provinciales o autonómicos, aunque también hay consejeros de cabildos y miembros de otros entes públicos. De los 159 cuya única ocupación en la Administración es el escaño de la Cámara Alta, 41 reconoce participar en otros menesteres que no tienen que ver con el servicio público.

En su mayoría estas actividades son el ejercicio de sus profesiones de carrera –abogacía, medicina, docencia, arquitectura, etc–, aunque también son varios los que se dedican a dar conferencias y clases magistrales en universidades, en su mayor parte convenientemente remuneradas.

Además, no son pocos los que también tienen un puesto de relevancia en el organigrama de su partido. Este es el caso, por ejemplo, de Javier Arenas –vicesecretario general de Política Autonómica del PP– o de Tomás Pedro Burgos –coordinador territorial popular–.
En los últimos años el Senado se ha convertido a menudo en el último refugio de los políticos veteranos. Ahí acabó su carrera, sin ir más lejos, Manuel Fraga, fundador del PP y padre de la Constitución. Actualmente, rostros conocidos que tuvieron un papel relevante en la primera línea hace un tiempo ocupan un escaño en la Cámara Alta.

Ejemplos de ello son el nacionalista vasco Iñaki Anasagasti; el ex presidente de la Generalitat, José Montilla; el ex presidente de Baleares, Francesc Antich, o el ex presidente de Aragón y ex secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias. Pasados sus años de plenitud en la política y relegados a un segundo plano en sus partidos, todos ellos disfrutan de este retiro dorado en la Cámara Alta.

 El Senado es también escenario del aterrizaje en el terreno del servicio público de personas con cierta celebridad que hicieron carrera alejados de la política. Esta legislatura hay ejemplos como el de la atleta palentina Marta Domínguez o el ex maratoniano Abel Antón, ambos del PP.

El hecho de que buena parte de los senadores no se dediquen en exclusiva a sus funciones en la Cámara Alta y que el papel de esta sea totalmente secundario en la política española ha hecho que se plantee la reforma integral del organismo, en lo que ya está trabajando su presidente, Pío García Escudero. A la espera de que se conozcan las propuestas, no han faltado las voces que directamente piden suprimir el Senado y con ello ahorrarle al Estado un pellizco de su gasto.

 A cada parlamentario de la Cámara Alta le corresponde un sueldo de 39.382 euros anuales. A este salario se le añade la indemnización por gastos de desplazamiento y manutención. Para los senadores que residen en Madrid el importe de esta última prestación es de 869 euros mensuales. Para los de fuera de la capital, de 1.822 euros. 
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Así podemos encontrar abundancia de alcaldes, numerosos y distinguidos miembros de los distintos aparatos políticos nacionales, autonómicos y municipales, pero también políticos importantes, que todavía se las arreglan para no descuidar las importantes funciones que les atribuye la Cámara. También abundan los que se dedican a sus actividades privadas, que no tienen que ver con el servicio público, aunque, naturalmente, sin renunciar a ninguna de las ventajas de su doble posición en la vida.

Otra especie que empieza a pulular por los pasillos senatoriales es la de los antiguos presidentes de comunidades autónomas y, más en general, la de las figuras de cierta notoriedad en retirada de la vida pública, como fue el caso, especialmente notable, del recientemente fallecido Manuel Fraga.

El que fue hasta hace bien poco presidente de la Generalitat de Cataluña, señor Montilla, también ha decidido ofrecer a todos su experiencia en arruinar comunidades que podrían ser florecientes. Es evidente que no necesitamos este Senado, que no nos sirve para nada y que debería ser eliminado, o, al menos, reducido en su tamaño y completamente reformado a la mayor brevedad. 

5 comentarios:

  1. Miguel Fernández

    Yo creo que una persona que tiene dos ocupaciones (a menos que estas se definan como a tiempo parcial), o no hace nada en una de ellas, o no hace nada en las dos y la única ocupación que tiene en la que no le ocupa es la de cobrar. Hay otro
    s muchos "cementerios" (para vivillos): consejos de administración de entes, fundaciones y empresas estatales, consejo de Estado y de cada comunidad autónoma.... Parlamento Europeo, etc., etc..

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  2. Maria Gloria Arnillas Marin

    sobra totalmente

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  3. Rafael Velon En cierta ocasión me invitaron a comer en el Senado, allí pude comprobar como hay despachos de senadores en los que "NUNCA" se sentó el senador a quien estaba asignado!
    Para colmo uno de los bedeles, me confesó que había todavía algún senador al que ni siquiera conocía!
    Como anécdota diré que el comentario del bedel fue; el único que abre cada día el Senado y que llega casi antes que nosotros es Don Manuel Fraga.
    Cada día llegaba puntualmente y revisaba la prensa para estar al día de todo, después despachaba las visitas o por teléfono un sinfín de temas que a él le sobraban y que los demás ni miraban!
    Yo abogo por la modificación del Senado y que vuelva a tener competencias o por su desaparición!
    Como está actualmente es una verdadera aberración y nos cuesta un riñón!
    Personalmente y dada su situación, lo sacaría a subasta pública para viviendas. Con el dinero obtenido intentaría sanear la justicia que es lo que peor funciona!
    Un país en el que no hay justicia es un país en extinción!
    La muestra ya la tenemos mirando a nuestro alrededor!
    Estamos totalmente carcomidos!
    Mi esperanza en Ruiz Gallardón se va diluyendo! (si es que me queda alguna).

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  4. Mari Carmen Garcia Mora

    No lo quitaran jamas, porque saben que muchos acabaran ahí.

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  5. Santiago Nuevo

    si hubiera vergüenza,sería uno de los primeros organos a suprimir,y que dejen ya el cuento de la supuesta reforma,que nunca va a llegar..

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