martes, 12 de febrero de 2013

Regenerarse o morir



Ahora cuando saltan escándalos por doquier en el mundo de  la política, los ciudadanos alarmados claman contra esto y aquello y proponen o disponen soluciones.La profunda crisis que padecemos desde hace ya tantos años ha tenido por consecuencia una eclosión de regeneracionismo y reformismo. También algunos de los partidos políticos no mayoritarios están clamando por reformas como listas abiertas dentro del sistema electoral como una ley que defina el régimen y la financiación de los partidos.

Sin duda es una buena noticia que la crisis haya hecho las veces de despertador o aguijón, que haya servido de acicate. Que por fin haya calado hondo la idea de que la economía no lo es todo, que de hecho los problemas económicos que padecemos tienen causa en otros más antiguos y de mayor calado. Ahora bien, las soluciones o concepciones-marco más extendidas no invitan al optimismo. Son más de lo mismo. Más de lo malo conocido.

El Poder Político, principal responsable de la crisis política, económica, cultural, nacional que padecemos, lejos de retroceder, adelgazar y corregirse, reclama más fondos, más presencia, más control sobre todos los ámbitos de la sociedad. Mal está el reclamo, pero peor aún es que buena parte de la sociedad esté en la misma onda. Es un tremendo error. El Estado en su conjunto ha dejado de ser la solución para representar un formidable problema cuando se extralimita, cuando se desmanda, cuando se mete donde no se le necesita ni se le llama.

No necesitamos más Estado. Lo que necesitamos es que sea mejor. Para ello, debe replegarse, depurarse y concentrarse en su auténtico cometido: dotar a la sociedad de un marco legislativo claro, sencillo, no invasivo; velar por la vida y la hacienda de los ciudadanos y por el cumplimiento de los contratos; gestionar con el mínimo de burocracia posible la administración de la cosa pública, impartir justicia, defender los intereses nacionales dentro y fuera de nuestras fronteras.

Tenemos un grave problema de calidad institucional, lo cual explica la debilidad de nuestra sociedad civil. Si no lo solucionamos, no podremos avanzar en ningún otro ámbito. Si lo conseguimos, habremos dado un salto cualitativo y nos será mucho más fácil salir del hoyo.

2 comentarios:

  1. Manuel Sánchez Cánovas

    Pero si el tal Albert es un clon de Adolfo Suárez.... Este es corporativista, seguro...

    ResponderEliminar
  2. Jose Villar Campuzano

    Muy bien, pero quien le pone el cascabel al gato? ya es hora..

    ResponderEliminar