jueves, 18 de agosto de 2016

Esto no puede ser


Mariano Rajoy faltó ayer al deber de dar respuesta a las condiciones planteadas por Albert Rivera para apoyar su investidura y concretar el plazo en que piensa someterse a la votación. Al dejar claro que su presentación depende de que Pedro Sánchez le facilite un resultado exitoso, las posibilidades de bloqueo político aumentan todavía más. El gravísimo problema que conlleva la ineficacia de los dirigentes es que haya que desembocar en la celebración de unas terceras elecciones en un año, con lo cual el sistema democrático de España podría sufrir un descrédito irremediable.

La situación no sería tan inquietante si el ambiguo cheque en blanco del Comité Ejecutivo del PP (“autorización”) a Rajoy se hubiera producido inmediatamente después de las elecciones de junio, o como mínimo al día siguiente de la oferta planteada por Ciudadanos; pero haber dejado pasar otra semana sin mover un dedo es absurdo y resta credibilidad al discurso del propio Rajoy sobre la urgencia de constituir un Gobierno. Y en este punto sí que tiene razón: es inasumible continuar con un Ejecutivo en funciones, casi ocho meses después de iniciada la experiencia.

A su vez, Pedro Sánchez se muestra decidido a que el aspirante del PP fracase en la investidura. Pero a una pregunta tan concreta como: ¿cuál es su alternativa alno a Rajoy?, elude la respuesta y se limita a marcar al PP y a su presidente el camino de la oposición, sin aclarar qué tiene en la cabeza para conseguirlo sin repetir las elecciones, una opción que confiamos en que ni siquiera se le pase por la cabeza.

No se puede consentir que entre unos y otros metan a España en un callejón sin salida. Bloquear el funcionamiento normal de la democracia es completamente inaceptable, y más si lo hacen quienes más responsabilidades tienen en que el sistema funcione correctamente, que son los dirigentes de los principales partidos. Ellos tienen que librarnos de todos los males derivados de la interinidad y de la cerrazón de miras. Nada les autoriza a continuar con un peligroso juego en el que simplemente cada uno busca torcerle el brazo al otro.

Rajoy tiene que mover ficha inmediatamente, y esto pasa por ofrecer hoy a Albert Rivera la respuesta que ayer eludió ante el conjunto de los españoles. Y Sánchez debe tomarse más en serio la función de líder de un partido que ha desempeñado amplias responsabilidades en la democracia y que debe intentar dar salidas a la compleja situación de este país.

Sabemos que las encuestas previas al periodo vacacional arrojaron una opinión enormemente negativa de la ciudadanía sobre la situación política, pero todo puede ir a peor una vez se produzca el regreso de cada uno a sus preocupaciones tras el paréntesis.

Los dilatados plazos para celebrar otras elecciones, en caso de que no haya más alternativa, exigirían poner las urnas a finales de diciembre, otra vez; eso si no hay que realizar la nueva campaña en plenas fiestas navideñas. Los dirigentes pueden estar seguros de que eso ocurrirá si hurtan el cuerpo a una responsabilidad compartida, dan muestras de su falta de fortaleza y continúan refugiándose en tacticismos estériles para resolver el cada vez más complicado bloqueo de la situación política.

Juan Carlos Girauta

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