El final del delirio autonómico
Luis del
Pino 2012-10-14
Independientemente del dinero disponible, cada organización tiene que tratar de estructurarse de la forma que considere más eficiente o deseable. En España, la Constitución optó por definir un modelo descentralizado de gestión en tres niveles básicos (estado central, comunidades autónomas, ayuntamientos) que en teoría no tendría por qué ser peor que otros modelos con distinto grado de centralización.
Sin embargo,
la ambigüedad de la Constitución permitía modificar extraordinariamente el
peso relativo de esos tres niveles. Y la clase política ha aprovechado ese
hecho para poner en marcha, a lo largo de los últimos treinta años, un proceso
de descentralización en el que el Estado ha ido cediendo cada vez más
competencias a las Comunidades Autónomas, hasta quedar prácticamente reducido a
un papel residual, de mero encargado de pagar las pensiones y el seguro de
desempleo.
¿Y por qué
se ha hecho eso? ¿Es que acaso se trataba de una demanda social? Para responder
a esa pregunta, acudamos a los datos demoscópicos disponibles. El Centro de
Investigaciones Sociológicas ha ido pulsando año tras año la opinión de los
españoles sobre la organización territorial del Estado y sobre el proceso de
descentralización autonómica. Y los resultados de esa labor de prospección
sociológica resultan bastante sorprendentes y reveladores.
Un estado autonómico artificial
La gráfica
siguiente muestra la actitud de los españoles sobre el proceso de
descentralización, indicando cuántos eran partidarios en cada momento de dar
más competencias a las CCAA y cuántos eran contrarios a hacerlo:

Como puede
verse, los españoles nunca han sido partidarios de que el Estado cediera más
competencias a las autonomías. Al preguntarles sobre el grado de
autogobierno, una clara mayoría de los españoles se mostraba partidaria, año
tras año, de dejar el estado autonómico como estaba o incluso de quitar
competencias a las CCAA. Por cada español partidario de descentralizar, había
dos españoles opuestos a hacerlo.
Pero, en
contra de la opinión mayoritaria de los españoles, la clase política ha ido
cediendo, año tras año, cada vez más competencias a las autonomías. Lo cual
demuestra que el estado autonómico y su actual nivel competencial nunca han
sido otra cosa que un invento de nuestra clase política, empeñada en llevar
a cabo una centrifugación del Estado que la sociedad ni demandaba, ni quería.
El resultado
de ese proceso de descentralización no ha sido una mejora en la eficiencia del
servicio al ciudadano, sino un aumento de la desigualdad entre los españoles,
una proliferación de castas políticas locales, una multiplicación injustificada
del gasto público, una perpetua vulneración de los derechos constitucionales en
buena parte del territorio y una creciente ineficiencia de nuestra economía.
Con la crisis hemos topado
Mientras el
dinero fluía, las desigualdades, ineficiencias e injusticias inducidas por el
estado autonómico han sido toleradas, mal que bien, por la ciudadanía. Ante
cada nueva ronda de descentralización, los españoles asumían resignadamente el
nuevo statu quo: la opinión pública no era partidaria de dar más competencias a
las autonomías, pero tampoco existía ningún clamor por revertir las decisiones
tomadas por la clase política, que no dudaba por ello en seguir el camino de
los hechos consumados.
Pero con la
llegada de la crisis el modelo ha saltado en pedazos. Al faltar el soporte
financiero, la disyuntiva existente se ha planteado con toda crudeza: o
desmontamos el artificial estado autonómico o desmontamos el estado del
bienestar. Y el malestar acumulado se ha desbordado en las encuestas.

La gráfica
siguiente indica el porcentaje de españoles partidarios de recentralizar el
estado (eliminar las CCAA o reducir sus competencias), frente a los partidarios
de mantener el estado autonómico en su forma actual o de continuar
descentralizando (dando más competencias a las CCAA o reconociéndolas el
derecho de autodeterminación). Como puede verse, el cambio de tendencia
experimentado a partir del segundo semestre de 2007 ha sido brutal:
¿Hacia un estado jacobino?
El creciente
malestar ciudadano con el estado autonómico se pude visualizar de manera
todavía más gráfica si nos fijamos en el porcentaje de españoles que
directamente pide que el estado autonómico se suprima por completo, para volver
a un único gobierno central:

El estado
autonómico había ido consolidándose desde 1984, con un porcentaje cada vez
menor de gente frontalmente opuesta al mismo, pero la crisis ha disparado la
demanda de una redefinición total del modelo. Ya son 1 de cada 4 los
españoles que piden que las autonomías se eliminen por completo.
¿Y qué pasa con el separatismo?
Para
terminar, fijémonos en el otro extremo del espectro, el de los españoles que
demandan que las comunidades autónomas puedan tener el derecho de
autodeterminarse. La gráfica siguiente muestra el porcentaje de personas
partidarias de llevar la descentralización hasta esas últimas consecuencias:
Como puede
verse, los españoles que no desean serlo no superan el 10%, y su porcentaje
se ha mantenido aproximadamente constante a lo largo de los años. Ni la
concesión de más autonomía a las comunidades ha hecho disminuir ese sentimiento
separatista, ni tampoco treinta años de adoctrinamiento nacionalista lo han
hecho aumentar.

Lo cual hace
aún más sangrante la evolución a lo largo de los años: ¿por qué el 90% de
españoles han tenido que ceder, año tras año, para contentar a una ínfima
minoría que, de todos modos, jamás va a darse por contenta?
Conclusiones
A la vista
de estos datos, queda claro que la actual organización del estado es una
construcción artificial de la clase política, que no respondía a ninguna
demanda social y que ha fracasado a la hora de acabar con los problemas
provocados por el nacionalismo. Se ha sacrificado la igualdad y el
bienestar de los españoles, sin con ello conseguir desactivar las tensiones
separatistas.
Queda claro
también que la crisis ha provocado una quiebra del modelo: nuestra clase
política ha tensado demasiado la cuerda y esa cuerda ahora se ha roto. La
prolongación de la crisis terminará por convertir en un clamor lo que ahora es
solo un grito: que los españoles prefieren prescindir del estado autonómico
antes que ver cómo se resquebraja el estado del bienestar.
La pregunta
es: ¿será capaz nuestra clase política de reinventarse y de poner fin al
delirio autonómico, o está tan atada al estado autonómico que preferirá
hundirse con él?
Luis del Pino 2012-10-14
Xavier Carrió Jamilá ·
ResponderEliminarEntiendo que han existido dos graves errores en el estado autonómico, la cesión de la educación a las autonimias con los resultados que estamos observando ahora en Cataluña, Baleares Galicia Pais Vasco etc... con el resultado de unos jóvenes españoles que no entienden de lo que ocurre fuera de sus regiones y el otro error es la diarea legislativa de todos y cada uno de los parlamentos regionales que nos ha conducido a tener una nacion imposible de llevar a cabo proyectos económicos de altura gracias al laberinto legislativo. Es urgente la unidad de mercado para empezar a salir de la crisis.
Carla Medina Agag
ResponderEliminarYo apuesto como española por un Estado centralizado y unitario de modelo francés. Racional, con 1 única administración bien llevada, ahorradora, reducida a lo mínimo. Un solo Congreso, fuera el Senado, eliminar los 17 miniparlamentos que se creen soberanos, eliminar todas las CCAA, sus policías de cortijo, etc. Listas abiertas, fijar la segunda vuelta en las presidenciales, dejar un solo Defensor del Pueblo, reforma Ley Electoral para 1 persona=1 voto sin que importe la provincia. Hay que reformar la Constitución de 1978 o derogarla en su totalidad y redactar otra nueva. Además hay que ELIMINAR YA, EN SIGLO XXI, LOS ANACRÓNICOS Y VERGONZOSOS PRIVILEGIOS FISCALES DE EUSKADI Y NAVARRA. Todos los españoles somos iguales, todos. Por encima de los territorios. Ergo todos debemos pagar los mismos impuestos según renta. Y Vascongadas y Navarra deben pagar como todo el mundo bajo el mismo sistema, misma tributación,
Guillermo María Martínez Casañ ·
ResponderEliminarPues cierto es que el Estado descentralizado tal y como lo conocemos no es un deseo de los ciudadanos sino una invención de la clase política y de la equivocación de los Padres de la "Constitución" en la redacción de una ley electoral que ponía al Gobierno a los pies y bajo el chantaje de los partidos nacionalistas. Ninguno de los dos partidos mayoritarios ha tenido la altura de miras y el concepto de Estado necesario para deshacer el entuerto.
Marcial Rico Migueltesorillo
ResponderEliminarBuen articulo contra el Estado autonómico.
Jose Antonio Palacios Sanchez
ResponderEliminarComo siempre muy acertado y muy bien descrito .
Juan Antonio Valdemoro
ResponderEliminar¿Cuando va a recuperar las funciones de Educación el Gobierno???
juanj4037@gmail.com
ResponderEliminarEl presidente catalán, sabe que el referendum ni puede ni tendría validez, lo está utilizando, para presionar al gobiern con el pasto fiscal, y ocultar la desastrosa situación a que ha conducido con le problema identitario, y otras irresponsables actuaciones.
El Gobierno debe plantarse abiertamente, con la constitución en la mano y su disposición para aplicarla con total rigor.
Santiago Nuevo
ResponderEliminarun engendro que ha fracasado