Un viaje a ninguna parte
Esta semana pasada el príncipe Felipe ha dedicado cuatro días en una visita a Cataluña que podía habérsela ahorrado. Durante el mismo no ha hecho más que aguantar discursos amenazantes con mal talante del que hasta que hasta que no cambie nada, es el máximo representante de la nación española en Cataluña que culminó con la encerrona que le montaron en su visita al Mobile World Congress, previa aportación de treinta millones por parte de los contribuyentes españoles. La escena se repite una y otra vez en los medios como reflejo del punto de no retorno en el que se encuentra el país. De la enajenación de unos y de la baja estofa de otros, en especial de cierta clase política que estaba esperando el motivo para demostrar su desprecio al país que al menos hasta este momento están representando. El Príncipe Felipe le tiende cortésmente la mano y el empresario catalán le devuelve el gesto con un puñetazo directo y seco a la boca del estómago: “No te la doy porqu...