Ni Soraya es Rajoy, ni Casado es Aznar
Los militantes del PP no acaban de entender por qué de golpe y porrazo han perdido el poder, por qué Rajoy se marchó sin despedirse y su previsto heredero rehusó ocupar su puesto. Se entiende que el registrador de la propiedad de Santa Pola estuviera harto de traiciones y granujadas. D ebió al menos organizar la sucesión. Quienes lo han pagado son sus colaboradoras más íntimas: una ha sido apeada de la carrera en el primer asalto y la otra se ha librado por los pelos. Soraya ganó la primera vuelta donde siempre pierde el PP. Juan Manuel Moreno Bonilla, quizá el político más inerte de Génova 13, ha trabajado y dice que seguirá trabajando –mucho trabajo parece– para que el PP sea una sucursal de Santa Pola, especializada en huir de toda idea, ignorar los problemas para que así no existan, andar sin moverse y velar por la Economía aunque no haya país donde aplicarla. El beneficiado ha sido Pablo Casado, que desde el primer día se mostró crítico con la gestión de la directiv...