
Merixell Batet
El Congreso recibe a una delegación iraní y pide a las diputadas españolas, "se abstengan de dar la mano ni tocar a los iraníes. Y que las mujeres que asistan tan sólo podrán mirar a los ojos desde lejos a los miembros de la delegación iraní. Cuando estén cerca no podrán mirarles".
La visita de una delegación iraní al Congreso ha puesto ante su propio espejo a la izquierda tan aficionada a hablar en nombre de las mujeres, luce como servil apaciguadora de los regímenes que las someten a las sevicias más humillantes.
Al saber las «condiciones protocolarias para las mujeres», Vox anunció que rechazaba asistir al encuentro. Y denunciaba en un comunicado que su plante se debía a «las instrucciones de protocolo que rigen para la visita de la delegación iraní», que incluyen «que las mujeres que asistan no podrán estrechar la mano de los representantes de Irán, sino solamente mirarles, pero de lejos».
Los representantes de Vox rechazaron el protocolo de la vergüenza, aceptado ominosamente por la presidenta del Congreso, la feminista Meritxell Batet, en virtud del cual las mujeres que asistieran al encuentro programado con la delegación iraní no podrían estrechar la mano de los teócratas.
Tan repudiable exigencia no fue una ocurrencia extemporánea de alguna oscura autoridad iraní, sino que cuadra perfectamente con las terribles condiciones a las que están sometidas las mujeres en la República Islámica.
El Congreso decidió finalmente cancelar el previsto saludo protocolario. No debió hacerlo. El acto debió haberse celebrado. Si los esbirros del Líder Supremo de la República Islámica de Irán no querían que les tocaran las diputadas españolas, que hubieran dejado pública y gráfica constancia de ello. Debieron, en efecto, retratarse; así como los revolucionarios por cuenta ajena de Unidas (sic) Podemos, cuyo líder, Pablo Iglesias Turrión, sigue en nómina de los ayatolás que odian a las mujeres vía Hispan TV.
Una vez más, la izquierda española, tan aficionada a hablar en nombre de las mujeres, luce como servil apaciguadora de los regímenes que las someten a las sevicias más humillantes. Mientras la izquierda, que habla y no para de feminismo liberador y combativo, inclina la cabeza ante los peores misóginos, el partido acusado de ser una guarida de machistas de la peor ralea ha levantado la voz en la sede de la soberanía nacional para defender la dignidad de las mujeres y, por supuesto, la de todos los españoles.
Estos feministas de pacotilla, que de mil amores habían aceptado la vergonzosa imposición del régimen de los ayatolás, pretenden arrogarse la defensa de la igualdad entre los sexos, pero con frecuencia lo suyo es una burda estrategia para seguir manejando chiringuitos concienciadores con fines caciquiles y electorales.

El ministro de Exteriores de Irán, Mohamad Javad Zarif @EP




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